Estaba pensando en un tema para dar inicio a este blog, y se me ocurrió, que lo mejor sería empezar hablando sobre mi propia historia con relación a la cocina y la alimentación.
Creo firmemente que detrás de toda experiencia existe un significado. Un significado que nosotros mismos debemos dar. Es así, cómo hace un par de años atrás decidí aprovechar una enfermedad para confrontarme conmigo misma y reevaluar mi estilo de vida. Después de haber estado comiendo de manera inconsciente y automática, alimentándome de comida chatarra e industrializada, mi sistema digestivo empezó a sufrir un desorden que en ese entonces no era grave, pero, que de no haber cambiado mi estilo de vida, seguramente, hubiera tenido muchas complicaciones hoy y en el futuro. Sin embargo, en ese momento tenía la opción de someterme a tratamientos médicos, pero no lo hice, preferí seguir mi intuición biológica y, bajo la influencia de mi padre, opté por empezar a cambiar mis hábitos alimenticios.
La mejor forma que encontré en ese entonces para alimentarme mejor, dados mis nulos conocimientos en culinaria, fue ir diariamente a almorzar en el restaurante "macrobiótico"* que mi padre frecuentaba desde hacía 20 años atrás, y que yo tanto evitaba. Al principio no fue fácil adaptarme. Mis gustos estaban tan acostumbrados a los sabores artificiales, que no podía encontrarle la sazón a las comidas que allí preparaban. Recuerdo que lo más difícil era comerme el tazado de arroz integral, que ahora tanto disfruto. Los primeros meses me limite a comer arroz, acompañado de granos, verduras, pescado y proteínas vegetales, entonces, empecé a notar un cambio significativo en mi digestión. Sin embargo, el paso de una dieta a otra fue muy drástico y baje de peso rápidamente, lo cual me alarmó un poco. Pero después de leer libros sobre el tema y hablar con otras personas, lentamente fui desarrollando mi propio criterio a la hora de alimentarme.
Ahora creo que no existe una fórmula perfecta, ni una dieta a la cual deba adaptarme estrictamente, porque cada persona es diferente y tiene sus propias necesidades. Es mejor ir descubriendo, a lo largo del camino, lo que más nos conviene para nuestro organismo. Tampoco se trata de prohibirnos ni de reprimirnos un deseo, lo importante es tener un dieta equilibrada sin excesos. La tarea que tenemos todos, de desarrollar una alimentación conciente, autónoma e independiente es un proceso que dura toda la vida. Para finalizar, quisiera decir que lo que he aprendido en estos años, es que una dieta basada en productos naturales y orgánicos, cereales integrales, verduras, algas y pescados, entre otros, no es sólo una buena forma de mantener mi cuerpo en mejores condiciones, sino también, de reconectarme con la naturaleza.
______________________________________________
*Uso la palabra macróbitica ente comillas, dado que en Sur América, bajo las enseñanzas de Tomio Kikuchi, que junto con Michio Kushi, es uno de los discípulos de George Oshawa, creador de la macrobiótica, el término ha sido transformado a lo que se conoce hoy como Autoeducación Vitalicia.